Los conciertos que tendrán lugar el próximo martes, en la Catedral Primada de Bogotá, y el miércoles, en el Teatro Metropolitano de Medellín, son mucho más que dos noches de música barroca.
Son la oportunidad de reflexionar en torno a la huella histórica de un género que sentó bases en el continente y tuvo compositores locales e intérpretes criollos e indígenas, una cosecha artística poco conocida que hoy, paradójicamente, parece más valorada en Sarrebourg, una pequeña ciudad del norte de Francia. El tiempo
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